Quedábamos pocas personas en el bar, 7 contándonos a nosotros y al dueño que hoy hacía de mesero junto con su pareja.
El lugar, recién inaugurado, con sillones y mesas totalmente blancos igual que las paredes, eso en combinación con las luces de colores y la baja iluminación hacían que el lugar se sintiera más cómodo y ameno. La pista de baile totalmente nueva te invitaba a no quedarte sentada.
Eran las 3 de la mañana ya y los pocos sobrevivientes a la fiesta jugabamos y bebíamos desde hace un par de horas. Se había tornado interesante, jugábamos todos, el dueño y su novia no eran la excepción. Alcohol y entusiasmo no faltaba, todos disfrutábamos de la acalorada noche.
David (el dueño) se disculpó por terminar abruptamente el juego mientras se ponía de pie tomado del brazo de Alicia, su novia. Se notaba a kilómetros las llamas internas que los consumían, guiándolos a la bodega del bar.
A los pocos minutos empezaron a escucharse unos gemidos tan excitantes que Ricardo y yo comenzamos a besarnos con vehemencia, al instante mi mano traviesa se introdujo en sus pantalones. Quedé más prendida al sentir su dureza...
No perdí el tiempo, me paré para llevarlo hacía la enorme barra que estaba frente a nosotros.
Era una barra blanco con negro, hacía juego con la decoración del bar. La base de ella estaba conformada por rombos mediamos brillantes estilo tornasol que daban la apariencia de estar en tercera dimensión.
Trás unos cuantos besos y caricias le pedí que me cargara para sentarme en la barra. Una vez arriba me incliné y lo tomé del cabello acercándolo a mí para seguir besándolo, mientras aprovechaba para desabotonar le la camisa blanca.
¡Me encanta verte desnudo!- le dije al oído entre susurros.
Fue imposible no atraer las miradas de los demás, quiénes nos observaban con ojos de lujuria. Me cautivaron lo suficiente como para continuar con lo que pronosticaba un gran espectáculo. Sentada ahí, comence a juguetear con mis manos, recorriendo mi cuerpo con delicadeza sobre el vestido negro de tirantes que se amoldaba perfectamente a mi cuerpo.
Con sutileza, fuí subiendo poco a poco el vestido hasta llegar al ombligo. Mientras Ricardo se apresuraba a bajarme las pantis. Coloqué mis manos hacía la parte de atrás de la barra, inclinando mi cabeza y abriendo mis piernas lo más posible, dejándome al descubierto.
De pronto sentí su lengua acariciando mi clítoris y una oleada de energía sexual recorrió todo mi cuerpo, dejándome aún más excitada. Mis caderas comenzaron a bailar al ritmo de los movimientos de tu lengua, presionabas con suavidad, en círculos, mientras tus dedos recorrían mis labios...
Mi cuerpo ya no soportaba ni un segundo más, las miradas y los gemidos provenientes de la bodega me desbordaban por dentro, haciendo que poco a poco llegara al climax, y retorciendo me sin control.
¡Ahh!- suspiré al terminar.
Te miré inmediatamente, el placer que sentías al verme terminar era magnífico, te jalé con mis piernas para volverte a besar. Al poco brinqué, te tomé del cinturón para luego desabrocharte los pantalones, te quería tener dentro en ese preciso momento....
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