Para ti,
mi querida,
mi querida alma,
alma mía.
Este poema,
o lo que este texto sea,
a ti se te dedica.
Un abrazo profundo,
y un par de lágrimas,
para aquella
alma herida.
Estás cansada,
estás perdida.
¡Ay!
Pequeña,
tonta y dulce,
alma mía...
Y si este poema no te gusta,
no preocupes,
mil más habré de escribirte.
Consagrada eternamente
a la tarea de curarte.
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