Volvió el invierno, y con él mis momentos depresivos. El frío me congela, parte mi corazón lleno de emociones en mil pedazos que se esparcen por todo mi cuerpo. Se incrustan...
Voy andando todo el invierno desangrando me, cada paso que doy duele más que el anterior.
Entonces, cuando ya no queda casi nada de mí, y parece que llega por fin el final de semejante tortura, aparece el sol, derritiendo los cristales, dándome un momento de paz...
Cada invierno es igual de duro, el frío y la soledad me comen viva. Y aunque ya debería estar acostumbrada, simplemente no es posible.