Estaba por dar inicio la clase de natación, yo generalmente iba por las mañanas, pero en está ocasión un asunto de trabajo me había impedido tomar mi clase regular.
A está hora, mi maestra ya no daba clases, por las tardes era sustituida por un profesor varios años más joven.
-Mucho gusto, me llamo Omar, dijo al encontrarnos de frente junto a la alberca.
Hombre alto, delgado y moreno, con unos ligeros músculos producto de varias horas de natación.
Tenía unos labios carnosos, unos ojos marrones y una sonrisa que hipnotizaban. Siguió hablando pero yo no prestaba atención, había quedado encantada a la primera sonrisa. Logré escucharlo decir que él sería mi profesor por aquella ocasión.
Sin decir nada más, quedamos mirándonos fijamente a los ojos unos segundos, sonriendo nos...
De pronto se escuchó un "buenas noches" que nos hizo volver en si y continuar caminando.
A unos minutos de iniciar, me quité el blusón negro, dejando al descubierto mi traje de baño color azul rey estampado con flores, de tirantes y escote pronunciado que acentuaba y mostraba la sensualidad de mi cuerpo. Volvimos a mirarnos un momento antes de aventarme a la alberca para comenzar.
Durante toda la hora no pude concentrarme, sentía palpitar mi cuerpo, tan caliente que percibía el agua de mi alrededor como hirviendo. Intenté mantener la calma un largo rato hasta que mi líbido venció a mi cabeza y no pude más que fantasear con aquel atractivo hombre.
Mis movimientos eran mecánicos, y en aquella alberca parecíamos solo estar mi excitación y yo.
La nube de pensamientos se disperso cuando escuché al profesor llamarme, al parecer ya todos habían salido del agua. En aquel lugar sólo quedábamos él y yo. Un poco sonrojada, pedí disculpas por la distracción.
Subí las escaleras lentamente, admirando aquella sonrisa coqueta del profesor, quien yacía sentado en la banca frente a mí. Devolví la sonrisa....
No me di cuenta en que momento terminé sujetando su cuello, pero sus besos eran una delicia ardiente que no podía soltar, sus labios eran tan suaves y dulces, chupables, mordibles, la droga perfecta.
En un arranque de excitación bajé mi mano a su pene, apenas cubierto por aquel short apretado, metí la mano para sorprenderme con la firmeza en la que se encontraba.
Con dificultad despegué mis labios de los suyos, no quería soltarlo, pero mis ganas de chuparlo eran más grandes. Inmediatamente me hinqué y le bajé el short para dejar al descubierto su pene, se levantó, feliz por el acto.
Sin pensarlo, hidrate un poco la cabeza, comenzando a chuparlo. Tenía un ligero sabor al cloro de la alberca al que no le di importancia, era la gloria en mi boca, incluso podía sentir ligeros brincos involuntarios de placer.
Sus gemidos me producían tal excitación que no podría describir aunque quisiera, mi cuerpo explotaba por dentro, como volcán en erupción.
Estaba a punto de parar para pedirle con vehemencia que me penetrara, cuando de pronto unos pesados pasos lejanos nos hicieron detenernos de prisa, me incorporé rápidamente mientras el subía su short, momentos después llegó el guardia de la entrada para informar que estaba por cerrarse el lugar.
Con toda naturalidad miré a Omar para decirle unas palabras de despedida.
-Nos vemos la siguiente clase, dije sonriendo.
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