lunes, 16 de mayo de 2022

Furtivo

 A las 7 pm el atardecer se desvanece dando paso a la oscura noche estrellada, noche que puede ser bien apreciada desde este punto. 

Al sur del estado se encontraba una escuela, su inmensidad la convertía en una pequeña ciudad dentro de otra más grande, y era uno de los pocos pulmones de flora y fauna. A decir verdad, de los espacios más bellos para contemplar...

Ahí nos encontrábamos andando, entre caminos estrechos, arbustos secos y el viento fresco que corría entre los árboles. Andando tomados de la mano para darnos calor. 

Nos rodeaba el silencio, los únicos ruidos provenían de los grillos cantores y uno que otro animal de la noche desconocido para mis oídos. 

La suerte jugaba hoy de nuestro lado, el terreno estaba desolado, producto de una pandemia y la suspensión de clases a causa de esta. Sólo algunas almas solitarias que como nosotros, buscaban un respiro.

Entramos por un angosto camino poco iluminado, tramo más escondido que otros parajes. Al poco nos detuvimos a descansar sentándonos sobre una gran piedra junto a una desviación que se perdía fácilmente en la oscuridad. 

Platicábamos tranquilamente cuando un ruido cercano nos enmudeció. Te miré, quedando sorprendida al encontrarme con la erección que estabas teniendo. No eran gritos de auxilio ni sacados de una película de terror, por el contrario, eran gemidos de una pareja en el acto entre los arbustos.

Salieron unos minutos después, se podían observar sus rostros apenados al caer en cuenta que estábamos ahí, escuchando... Los vimos apresurar el paso hasta que desaparecieron.

Con una sonrisa traviesa me apresure a levantarme para sentarme en tus piernas, disfrutando el movimiento de tu pene erecto al besarnos.

Te levantaste, tomaste mi mano y me guiaste por el camino de donde habían salido. Llegamos al final, donde una vieja barda yacía. Frente a ella una piedra lo suficientemente estable para pararme, me llevaste cargando, aprovechando para besarnos al tiempo que apretabas mis nalgas. 

Ya en la piedra, levantaste mi falda para quitarme las bragas, guardándolas en tu pantalón no sin antes olerlas; soltando un pequeño suspiro.

-¿Por qué te excitaba tanto olerlas? Pasó la pregunta fugazmente por mi cabeza. 

Volví a reaccionar cuando te agachaste para abrirme las piernas y los labios, colocando la punta de tu lengua en mi clítoris duro y mojado, introduciendo al mismo tiempo tu dedo.

-Ahh, en el aire soplaban pequeños gemidos que desaparecían al instante. Gemidos que se volvían más intensos llegando el orgasmo.

Al recuperar el aliento me agache para levantarte, desbrochar tu cinturón y bajarte los pantalones. Te tenía inmóvil, excitado y muy muy caliente. 

Te tomé con firmeza, masturbándote con mi mano, jugando con él antes de meterlo a mi boca. Lo usaba para acariciarme los labios y brincaba con el rose de mi lengua...

Fuertemente excitados con la clandestinidad del acto me posé frente a la barda inclinando mi cuerpo y levantando mi falda, dejándome al descubierto, a punto de ser penetrada.

Sentí el desliz de tu pene que poco a poco llegaba hasta el fondo de mi, tus gemidos me prendían con locura haciendo que mi sexo estuviera cada vez más mojado, dejándonos mayor libertad de movimiento...

Al terminar, continuamos con la aventura clandestina, y mientras caminaba podía sentir el escurrir entre mis piernas del semen que habías eyaculado.  



No hay comentarios:

Publicar un comentario